RELICARIO DE LA VERDADERA CRUZ Y DEL ENTORNO DE CRISTO
VENDIDO — Esta pieza forma ahora parte de una colección privada
RELICARIO DE LA VERDADERA CRUZ Y DEL ENTORNO DE CRISTO
Nuestros precios están en euros; los precios convertidos a dólares u otras monedas pueden variar según el tipo de cambio.
Envío internacional gratuito – entrega segura y protegida
ref: #RK00-816No se pudo cargar la disponibilidad de retiro
Magnífico relicario ovalado del siglo XVIII, de latón dorado, cerrado con cristal.
El interior, ricamente decorado con un fondo de seda roja, este color, omnipresente en la liturgia cristiana, simboliza la sangre de Cristo y su sacrificio redentor, contiene varias reliquias dispuestas alrededor de una cruz central. Cada fragmento está identificado por una etiqueta manuscrita en papel o pergamino.
Este ejemplar se distingue por la excepcional diversidad e importancia de las reliquias que reúne. Alrededor de un fragmento de la Santísima Cruz de Nuestro Señor Jesucristo se encuentran las figuras más cercanas a Cristo y a su familia, así como grandes santos de la tradición cristiana.
Reliquias presentes e identificadas por sus tituli:
-
Sanct. B.M.V. : reliquia de la Santísima Virgen María.
-
Oss. S. Annae, Matris : reliquia ósea de santa Ana, madre de la Virgen María.
-
M. Magd. Pœnit. : reliquia de santa María Magdalena la Penitente, discípula y testigo de la Resurrección.
-
Ex Lign. SS. Cruc. D.N : fragmento de la madera de la Santísima Cruz.
-
S. Antonii : reliquia de san Antonio de Padua, doctor de la Iglesia.
-
S. Vigiliae : reliquia de san Vigilio, obispo de Trento y mártir.
-
Pal. S. Joseph : fragmento del manto de san José, esposo de la Virgen María.
-
S. Juliae V.M. : reliquia de santa Julia, virgen y mártir.
-
Aloy. Gonza. : reliquia de san Luis Gonzaga, modelo de pureza y patrono de la juventud.
A diferencia de la mayoría de las thecae selladas por prelados con un sello eclesiástico, este relicario lleva un sello nobiliario heráldico, que representa un león y tres estrellas, coronado con un yelmo. Esta particularidad se explica por el papel que ciertas familias aristocráticas desempeñaban en el siglo XVIII en la custodia, difusión y patrocinio de las reliquias. Las grandes casas nobles, a menudo vinculadas por fundaciones piadosas o por estrechos lazos con Roma, recibían autorización para conservar y distribuir reliquias en el marco de su mecenazgo religioso.
Así, este sello no marca una consagración litúrgica, sino que garantiza la autenticidad y la procedencia familiar del relicario. El objeto se inscribe entonces en una doble tradición: la de las reliquias autenticadas y la del patrocinio nobiliario, donde la autoridad religiosa y el prestigio social se unían para asegurar la difusión de los objetos de piedad. Este tipo de sellado, mucho más raro que los sellos episcopales clásicos, confiere a este relicario un interés histórico y simbólico particular, al vincularlo no solo con el culto a los santos, sino también con la historia de las familias que fueron sus guardianas.
ÉPOCA : siglo XVIII
DIMENSIONES : 5.5 cm X 4.5 cm
TAMAÑO : 2.2" X 1.8"
Este relicario del siglo XVIII no es una composición arbitraria: reúne un conjunto de reliquias que, tomadas en conjunto, forman un verdadero itinerario espiritual centrado en la persona de Cristo. En el corazón del objeto se encuentra un fragmento de la Vera Cruz, memoria tangible de la Pasión y la Redención. Alrededor de esta madera sagrada se hallan las figuras más cercanas a Jesús en su humanidad y en su ministerio.
La Virgen María está presente, como Madre del Salvador, íntimamente asociada a su sacrificio y a la gloria de la Resurrección. A su lado aparece santa Ana, su propia madre, a quien la tradición honra como la “abuela de Cristo”, subrayando el arraigo de la Encarnación en una línea santa. San José, padre adoptivo de Cristo, también está representado: protector del Niño Jesús y patrono de la Iglesia universal, simboliza la fidelidad y la protección divina. La figura de santa María Magdalena completa este círculo íntimo: gran penitente convertida por la misericordia del Señor, fue una de las discípulas más fieles, presente al pie de la Cruz y primera testigo de la Resurrección. Así, María, José, Ana y Magdalena forman una corte de honor alrededor de Cristo, encarnando a la vez el origen, la familia y la fidelidad de sus más cercanos.
El relicario asocia a este núcleo central otros santos escogidos por su ejemplaridad. San Antonio de Padua, doctor de la Iglesia, recuerda la fuerza de la predicación y el poder de la fe encarnada. San Vigilio, obispo y mártir de Trento, encarna el testimonio misionero hasta la sangre. Santa Julia, virgen y mártir, representa la pureza y la constancia en la prueba, mientras que san Luis Gonzaga, joven jesuita del siglo XVI, ofrece el modelo de una santidad moderna basada en la pureza y la renuncia.
El conjunto de estas reliquias expresa una profunda unidad: el Cristo en la cruz en el centro, rodeado de su Madre, de sus parientes y de sus discípulos, y acompañado de santos que, a lo largo de los siglos, han prolongado su testimonio mediante la predicación, el martirio, la castidad o la conversión.
