PAREJA DE RELICARIOS ITALIANOS DEL SIGLO XVIII CON GRIFOS
PAREJA DE RELICARIOS ITALIANOS DEL SIGLO XVIII CON GRIFOS
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Soberbia y rara pareja de relicarios italianos del siglo XVIII, procedentes del norte de Italia, más precisamente de la región piamontesa-ligur (zona de Acqui).
Estas piezas presentan un notable trabajo en latón repujado, finamente cincelado, característico de la producción barroca tardía del norte de Italia. El marco, ricamente adornado con roleos vegetales, refleja un vocabulario decorativo aún lleno de movimiento y vitalidad, típico del siglo XVIII. Está coronado por un elegante lazo ornamental, un motivo tanto decorativo como simbólico que evoca la unión entre el mundo terrenal y la esfera celestial.
La base adopta una forma particularmente expresiva con un par de grifos afrontados, figuras híbridas mitad águila, mitad león, tradicionalmente asociadas a la vigilancia, la custodia de los tesoros y la protección de lo sagrado. Su presencia aquí no es casual: enmarcan y “vigilan” las reliquias, reforzando la dimensión apotropaica del objeto.
En el centro, un medallón ovalado acristalado (vidrio antiguo original) alberga un delicado montaje de reliquias, dispuestas con gran simetría alrededor de una cruz interna de plata. El interior, de gran finura, revela un fondo textil rojo profundo, realzado con flores finamente bordadas a mano y pasamanerías antiguas, testimonio de un refinado saber hacer artesanal y de un gusto decorativo típicamente del siglo XVIII.
Este tono rojo, lejos de ser casual, posee un fuerte significado simbólico: en la tradición cristiana evoca la sangre de Cristo, recuerdo del sacrificio redentor y de la Pasión. También hace eco del martirio de los santos cuyas reliquias se conservan aquí, estableciendo así un vínculo directo entre la materia sagrada y el misterio de la fe.
El fondo actúa así como un verdadero campo espiritual, intensificando la presencia de las reliquias y estructurando la composición con gran sutileza. El conjunto revela un notable equilibrio entre riqueza decorativa, profundidad simbólica y maestría artesanal, propio de los objetos de devoción más cuidados del siglo XVIII.
Cada relicario contiene cuatro reliquias, es decir, un total de ocho reliquias identificadas por sus cartelas originales.
Relicario n.º 1
- S. Evaristo — San Evaristo
Papa de los primeros siglos (siglo II), figura de la Iglesia primitiva. - S. Cecilia — Santa Cecilia
Virgen y mártir romana, patrona de la música sacra. - S. Felice — San Félix
Mártir de los primeros siglos, símbolo de fidelidad en la fe. - S. Clemente — San Clemente
Papa y mártir, sucesor directo de san Pedro.
Relicario n.º 2
- S. Lodovico — San Luis (probablemente Luis de Tolosa)
Príncipe que se hizo franciscano, hijo del rey de Nápoles, que renunció al trono para convertirse en obispo y religioso. - S. Chiara — Santa Clara
Fundadora de las Clarisas, figura mayor de la espiritualidad franciscana. - S. Filippo — San Felipe
Apóstol de Cristo, testigo directo del Evangelio. - S. Rosa — Santa Rosa
Santa mística asociada a la pureza y la devoción.
Sellos eclesiásticos y hilos de seda presentes.
ÉPOCA : siglo XVIII
DIMENSIONES : 14 cm × 10,5 cm
TAMAÑO : 5,5" × 4,1"
En la iconografía occidental, el grifo ocupa un lugar singular como figura protectora heredada de las tradiciones antiguas. Presente desde el mundo greco-oriental, donde se asocia con la custodia de tesoros preciosos —en particular el oro y los bienes sagrados—, atraviesa los siglos conservando esta función de vigilancia. Su naturaleza híbrida, que reúne el cuerpo del león, símbolo de poder terrenal y soberanía, y la cabeza y las alas del águila, emblemas de elevación y dominio celeste, le confiere una dimensión particular: la de un ser capaz de unir dos órdenes, el mundo material y la esfera superior.
Esta ambivalencia explica su adopción progresiva en la iconografía cristiana, donde se integra sin ruptura en un sistema simbólico basado en la lectura espiritual de las formas. El grifo se convierte así en una figura de guardia, a menudo situada cerca de elementos considerados sagrados o preciosos. En el contexto de los relicarios, esta función adquiere todo su sentido: las reliquias, percibidas como huellas materiales de la santidad y testimonios directos de lo divino, son consideradas verdaderos tesoros espirituales. Su conservación requiere por tanto un lenguaje visual capaz de expresar tanto su valor como la necesidad de su protección.
El grifo responde precisamente a esta exigencia. Su presencia, ya sea discreta o más afirmada, transmite la idea de vigilancia constante y de respeto por lo sagrado. Por su doble naturaleza, evoca también la tensión propia de las reliquias mismas, objetos materiales portadores de una realidad espiritual. En este sentido, no constituye solo un motivo decorativo, sino un elemento plenamente significativo, que participa en una concepción coherente y profundamente arraigada en la cultura religiosa y artística de Occidente.
Así, el uso del grifo en la ornamentación de los relicarios se inscribe en una continuidad simbólica en la que la herencia antigua y el pensamiento cristiano se encuentran, confiriendo a esta figura una relevancia duradera en la representación y valorización de lo sagrado.
