RELIQUIA DE SANTA CATALINA DE RICCI
RELIQUIA DE SANTA CATALINA DE RICCI
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Raro relicario oval en montura de metal plateado, con su frente de vidrio original, que contiene una reliquia de primera clase de Santa Catalina de Ricci, gran mística dominica del siglo XVI. La reliquia está cuidadosamente presentada sobre un fondo de tejido rojo antiguo realzado con destellos dorados, y adornada con un delicado ornamento en forma de flor dorada, que subraya su carácter sagrado y la finura de su presentación.
La reliquia está identificada por una etiqueta manuscrita en latín, perfectamente legible: «Ex carne S. Cath. de Ricc.», que indica que se trata de un fragmento de la carne de la santa, un tipo de reliquia especialmente codiciado.
El conjunto está completo, con su sello eclesiástico de cera original y sus hilos de seda de sellado aún en su lugar, lo que atestigua que el relicario no ha sido abierto desde su confección. Su estado de conservación es notable, tanto en el vidrio como en la montura metálica y la presentación interior.
Las reliquias autentificadas de Santa Catalina de Ricci son consideradas raras, debido a la gran veneración de la que goza desde su canonización y a la conservación muy estricta de sus reliquias dentro de las comunidades dominicanas. La mayoría de los fragmentos conocidos permanecen en conventos de Italia o en algunos relicarios históricos repartidos por Europa.
A tener en cuenta: algunos elementos de la decoración están despegados dentro del relicario.
ÉPOCA : siglo XVIII
DIMENSIONES : 4 cm × 3,5 cm
TAMAÑO : 1,6" × 1,4"
Santa Catalina de Ricci (1522–1590), religiosa dominica de Prato, es una de las grandes místicas del Renacimiento cristiano. Ingresó muy joven en el convento y llevó una vida de oración intensa, marcada por éxtasis repetidos, visiones de Cristo y la célebre experiencia de la Pasión del viernes, que revivía espiritualmente cada semana.
Mujer de ardiente caridad y consejera espiritual de numerosas personalidades —incluidos cardenales y responsables políticos—, fue también reconocida por su profundo sentido del gobierno monástico y su sabiduría humana, que la convirtieron en una priora muy estimada.
Su cuerpo, que según la tradición permaneció incorrupto durante largo tiempo, atrajo a numerosos peregrinos a su tumba. Canonizada en 1746, es celebrada el 2 de febrero como modelo de humildad, contemplación y unión mística con Cristo.
