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RELIQUIA DE PRIMERA CLASE DE SANTA IRENE

RELIQUIA DE PRIMERA CLASE DE SANTA IRENE

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ref: #RK00-850

Raro relicario oval de plata, cerrado con su vidrio original, que contiene una reliquia ósea de Santa Irene, virgen y mártir. El fragmento sagrado reposa sobre un fondo de tejido rojo, rodeado por una rica decoración de filigrana dorada que forma un armonioso resplandor y realza la reliquia. Dos etiquetas manuscritas en latín la identifican claramente: «Ex Oss.» para indicar que se trata de un fragmento óseo, y «S. Iren. V. M.» para Sancta Irene Virgo Martyr.

El relicario se conserva perfectamente intacto, con su sello eclesiástico y sus hilos de seda de sellado originales aún presentes en el reverso, lo que demuestra que nunca ha sido abierto desde su confección. Su composición refinada, su pátina antigua y la elegancia de la decoración interior testimonian un trabajo devocional cuidadosamente ejecutado, típico de las piezas religiosas del siglo XVIII.

Las reliquias autentificadas de Santa Irene son hoy poco frecuentes, ya que su culto se remonta a los primeros siglos del cristianismo y los fragmentos atribuidos a esta mártir fueron distribuidos en cantidades muy reducidas. Venerada como una virgen consagrada que dio su vida por la fe, Irene sigue siendo una figura de pureza y valentía espiritual cuya memoria fue cuidadosamente preservada a lo largo de los siglos.

ÉPOCA : Siglo XVIII
DIMENSIONES :
4 cm × 3,5 cm
TAMAÑO :
1.6" × 1.4"

Santa Irene es venerada como una de las vírgenes mártires de la Iglesia primitiva, símbolo de pureza y fidelidad absoluta a Cristo. Según la tradición, consagró su vida a Dios desde muy joven y se negó a renegar de su fe pese a las amenazas de las autoridades romanas. Su martirio, afrontado con una fortaleza interior extraordinaria, la convirtió en un modelo de valentía espiritual para las primeras comunidades cristianas. Su memoria fue pronto honrada en los antiguos martirologios, donde su nombre figura entre las vírgenes más ejemplares. Numerosos lugares de culto le fueron dedicados tanto en Oriente como en Occidente, testimonio de la amplitud de su devoción. Aún hoy encarna la imagen del alma fiel que no cede ni al miedo ni a la violencia. Su fiesta litúrgica recuerda la victoria de la fe sobre las pruebas del mundo.

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