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RARO CONFESIONARIO PORTÁTIL – SIGLO XVIII

RARO CONFESIONARIO PORTÁTIL – SIGLO XVIII

Precio habitual €1.950,00 EUR
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ref: #RK00-940

Extraño y profundamente evocador, este pequeño confesionario portátil pertenece a esos antiguos objetos religiosos que parecen conservar la memoria silenciosa de las almas que se acercaron a ellos. Diseñado para ser utilizado fuera de los confesionarios fijos de iglesia, acompañaba al sacerdote en sus desplazamientos, permitiendo que el sacramento de la penitencia se administrara en la intimidad de un lugar provisional, protegido de las miradas.

Su estructura de madera maciza, a la vez simple y casi arquitectónica, se abre en dos hojas que integran una rejilla de confesión en metal finamente calado. Detrás de esta barrera simbólica se desarrollaba un momento de particular intensidad: confesiones susurradas, conciencias turbadas, faltas confiadas en la sombra. Al otro lado, una puerta marcaba el lugar del confesor, recordando la necesaria distancia entre el secreto revelado y quien lo escuchaba.

Concebido para ser transportado y provisto de un asa torneada, este instrumento litúrgico llevaba consigo una función esencial pero discreta. Pocos objetos de este tipo han sobrevivido al paso del tiempo, ya que su uso constante a menudo los condenaba a desaparecer. Los que subsisten hoy poseen una presencia singular, casi dramática, que combina espiritualidad, misterio e historia vivida.

Una pieza rara y sobrecogedora, verdadero testimonio material de confesiones secretas y de los instantes invisibles que marcaban la práctica sacramental de antaño.

ÉPOCA : Siglo XVIII
DIMENSIÓN : 48 cm
TAMAÑO : 19"

Los confesionarios tienen su origen en los primeros siglos del cristianismo, época en la que la confesión de los pecados aún se realizaba de manera pública. A lo largo de la Edad Media, la práctica evolucionó hacia una confesión más personal e interior, lo que llevó progresivamente a la creación de espacios reservados al secreto sacramental. A partir del Renacimiento, el uso de dispositivos diferenciados que separaban al sacerdote del penitente se generalizó, ofreciendo un marco propicio para la intimidad espiritual y la sinceridad de la confesión. Esta forma de penitencia, profundamente arraigada en la tradición católica, se convirtió en uno de los elementos esenciales de la vida religiosa, integrando de manera duradera los confesionarios en la arquitectura y simbología de las iglesias.

Verdaderos espacios de retiro y recogimiento, los confesionarios encarnan una dimensión singular de la espiritualidad cristiana. En la sombra protectora de estos espacios cerrados, las conciencias turbadas encontraban refugio, confiando sus secretos en un susurro cargado de gravedad. Ya fueran tallados en madera o fabricados en metal, estos dispositivos sacramentales evocan a la vez el rigor moral y la esperanza del perdón. Cargados de memoria y emoción, parecen conservar el eco de las confesiones pasadas, uniendo silenciosamente a las generaciones de fieles en una misma búsqueda de redención y paz interior.

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