JEAN BODIN – LA DÉMONOMANIE DES SORCIERS – 1598 – TRATADO SOBRE LA CAZA DE BRUJAS
JEAN BODIN – LA DÉMONOMANIE DES SORCIERS – 1598 – TRATADO SOBRE LA CAZA DE BRUJAS
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El libro que enseñó a Europa a juzgar a las brujas
Manual judicial de demonología – Francia, finales del siglo XVI
Pocos libros han ejercido una influencia tan profunda en la historia europea como La Démonomanie des Sorciers de Jean Bodin. Más que un tratado de demonología, esta obra constituye un verdadero manual destinado a los magistrados encargados de identificar, juzgar y condenar a quienes se creía vinculados con las potencias infernales.
Esta edición, impresa en París en 1598, apareció en pleno corazón de uno de los períodos más oscuros de la historia occidental. Por toda Europa se multiplicaban los procesos por brujería. Las confesiones obtenidas bajo tortura, las denuncias, las posesiones demoníacas, los pactos con Satanás y las ejecuciones públicas alimentaban un miedo colectivo sin precedentes. Para los contemporáneos, el Diablo no era una metáfora: era una presencia real que amenazaba el orden del mundo.
Jean Bodin era entonces uno de los más grandes juristas de su tiempo. Magistrado del Parlamento, consejero del rey y autor de los Six Livres de la République, puso su inmensa autoridad intelectual al servicio de una convicción absoluta: la brujería constituía el más peligroso de todos los crímenes, porque representaba una alianza voluntaria entre el hombre y el Diablo.
Publicado por primera vez en 1580, La Démonomanie des Sorciers alcanzó un considerable éxito editorial. La obra fue reimpresa más de veinte veces y traducida al alemán, al italiano y posteriormente al latín. Durante varias generaciones, se convirtió en uno de los tratados de demonología más leídos de Europa y en una referencia imprescindible para los magistrados encargados de los procesos por brujería.
Para Bodin, las brujas no pertenecían ni al ámbito de la superstición ni al de la enfermedad. Celebraban verdaderos pactos con Satanás. Participaban en aquelarres, invocaban demonios, practicaban maleficios, volaban por los aires, llevaban en sus cuerpos las marcas dejadas por el Diablo, mantenían relaciones carnales con demonios bajo la forma de íncubos o súcubos e incluso podían, según él, transformarse en lobos durante episodios de licantropía. Estos fenómenos nunca se presentan como leyendas populares: a los ojos de Bodin, constituían realidades cuyas pruebas debían ser reconocidas por los jueces.
El cuarto libro es, sin duda, el más temible. Enteramente dedicado al desarrollo de los procesos, expone los métodos de investigación, el valor de los testimonios, las presunciones que permitían establecer la culpabilidad y las circunstancias que justificaban el empleo de procedimientos excepcionales. Convencido de que la brujería amenazaba al mismo tiempo a Dios, al rey y a la sociedad en su conjunto, Bodin defendía el recurso a la tortura para obtener confesiones y consideraba la hoguera como el castigo legítimo de los culpables. Bajo su pluma, la justicia se convertía en un arma dirigida contra el propio Diablo.
La obra concluye con una vehemente refutación de las teorías del médico humanista Jean Wier, quien sostenía que muchas supuestas brujas sufrían más bien trastornos mentales que una influencia demoníaca. Para Bodin, semejante postura ponía en peligro a la propia sociedad: negar la realidad de la brujería equivalía, según él, a desarmar a los tribunales frente a las potencias infernales.
Pocas obras contribuyeron tanto a conferir legitimidad intelectual a las grandes cazas de brujas de la Europa moderna. Sin ser su única causa, La Démonomanie des Sorciers proporcionó durante varias décadas un poderoso arsenal jurídico y doctrinal a quienes perseguían a las personas acusadas de mantener relaciones con el demonio.
Esta edición de 1598, impresa por Estienne Prevosteau bajo la mención « Édition dernière », pertenece a las últimas grandes impresiones francesas del siglo XVI. Da testimonio de la difusión duradera de un texto que se había convertido en una autoridad en toda Europa, antes de que las obras de Jean Bodin fueran finalmente incluidas en el Índice romano en 1628.
El ejemplar presentado conserva su encuadernación original en pergamino flexible de la época, profundamente marcada por más de cuatro siglos de existencia. Desgarros, faltas y numerosas antiguas galerías de insectos xilófagos dan testimonio de su historia material y de su autenticidad. En el interior, el contraste es sorprendente: el papel se ha conservado notablemente sano, la impresión mantiene una gran frescura y la tipografía toda su nitidez.
Tener hoy entre las manos La Démonomanie des Sorciers no significa únicamente poseer un importante libro antiguo. Significa tener en las manos uno de los textos que moldearon la manera en que Europa pensó, juzgó y condenó la brujería. Pocas obras encarnan con tanta fuerza el encuentro entre el derecho, la religión y el miedo. A la vez monumento de la demonología, testimonio fundamental de la historia judicial y símbolo de las grandes cazas de brujas, este volumen sigue siendo una de las obras más fascinantes e inquietantes de todo el Renacimiento europeo.
El volumen concluye con la célebre Refutación de las opiniones de Jean Wier, médico humanista que sostenía que muchos supuestos brujos padecían más bien enfermedades que los efectos de la acción del demonio. Bodin responde enérgicamente a esta postura y afirma que dudar de la realidad de la brujería equivale a desarmar a la justicia frente al más peligroso de los crímenes. Esta oposición entre Wier y Bodin constituye uno de los grandes debates intelectuales del Renacimiento sobre la naturaleza del mal y los poderes atribuidos al Diablo.
Esta edición de 1598, impresa por Estienne Prevosteau bajo la mención « Édition dernière », pertenece a las últimas grandes impresiones francesas del siglo XVI. Da testimonio de la difusión duradera de una obra convertida en una autoridad para todos aquellos que veían en la brujería una amenaza contra el orden religioso, político y social.
El ejemplar presentado conserva las huellas de más de cuatro siglos de existencia. Su encuadernación en pergamino flexible de la época presenta importantes deterioros antiguos, desgarros y numerosas galerías antiguas de insectos xilófagos. Estas marcas no hablan de abandono, sino de supervivencia. Recuerdan que, antes de convertirse en una pieza de colección, este volumen fue un libro conservado, transmitido y manipulado a lo largo de los siglos. En el interior, el papel permanece notablemente sano, la impresión conserva una gran frescura y la tipografía mantiene toda su nitidez.
La Démonomanie des Sorciers no es un libro dedicado al ocultismo en el sentido moderno. Es uno de los textos que dieron forma jurídica al miedo al Diablo. Rara vez una obra ha ejercido una influencia tan duradera sobre la manera en que Europa persiguió, juzgó y condenó a quienes creía aliados de las potencias infernales.
Estado y descripción bibliográfica
Edición parisina impresa por Estienne Prevosteau, 1598.
Volumen en formato in-12 encuadernado en pergamino flexible completo de la época. La encuadernación presenta un importante desgaste antiguo, con desgarros, articulaciones debilitadas y faltas de pergamino. Numerosas galerías antiguas de insectos xilófagos atraviesan la cubierta y varias hojas, sin afectar significativamente a la legibilidad del texto. Papel notablemente sano, impresión muy fresca y tipografía bien contrastada. Ejemplar auténtico, conservado en su estado antiguo, testimonio material de más de cuatro siglos de historia.
Formato: in-12
Dimensiones: aprox. 14 × 9 cm
Tamaño: aprox. 5,5" × 3,5"
Idioma: francés
Datación: 1598
Encuadernación: pergamino flexible completo de la época
De la Démonomanie des Sorciers está dividido en cuatro libros distintos, que forman un verdadero sistema doctrinal destinado a definir, identificar y combatir la brujería.
En el primer libro, Jean Bodin se dedica a definir con precisión los conceptos de « bruja » y « brujería ». Propone una de las primeras formulaciones jurídicas de este crimen, que describe como la acción de quien intenta conscientemente, mediante medios diabólicos, llevar algo a cabo. También expone una clasificación de los espíritus, distinguiendo las potencias consideradas benévolas de aquellas consideradas malévolas, y enumera las facultades atribuidas a los brujos, especialmente los dones adivinatorios o proféticos obtenidos mediante la invocación demoníaca.
El segundo libro está dedicado a la magia. Bodin analiza sus diferentes formas —la denominada magia blanca o negra— y describe prácticas como la invocación de demonios o la celebración de pactos con ellos. También aborda la licantropía, creencia según la cual ciertos individuos podían transformarse en hombres lobo.
El tercer libro examina los medios para prevenir o contrarrestar la supuesta acción de las brujas. Menciona las protecciones espirituales, los remedios rituales y los exorcismos destinados a expulsar a los espíritus considerados como poseedores de una persona.
Por último, el cuarto libro trata del marco judicial aplicable a los acusados de brujería. Bodin adopta en él una postura particularmente rigurosa, justificando el recurso a la tortura para obtener confesiones y recomendando penas capitales ejemplares contra las personas declaradas culpables.
