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CONSOLA MURAL DE BRONCE QUE REPRESENTA A UN DEMONIO ALADO

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CONSOLA MURAL DE BRONCE QUE REPRESENTA A UN DEMONIO ALADO

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ref: #RK00-785

Bronce patinado en marrón, siglo XIX, producción del Grand Tour.

Esta consola decorativa representa a un demonio barbudo y cornudo, esculpido en altorrelieve e integrado en una estructura arquitectónica. El personaje, de torso desnudo y poderoso, se proyecta hacia adelante en una postura dramática. Su brazo izquierdo, doblado detrás de la cabeza, sostiene un caldero metálico, mientras que su brazo derecho reposa sobre la cornisa moldurada que forma la parte superior de la consola.

Su rostro, enmarcado por gruesos mechones y una barba abundante, está coronado por dos cuernos cortos y curvados, que acentúan su naturaleza infernal. Las alas membranosas, ampliamente desplegadas, se extienden a ambos lados del cuerpo y refuerzan la tensión de la composición. Un paño ceñido rodea sus caderas y desciende en pliegues nerviosos. La parte inferior del soporte, acanalada y alargada, termina en una concha estilizada.

La expresión atormentada, el vigor del modelado y la asociación de atributos demoníacos (cuernos, alas de murciélago, caldero) remiten a la imaginería infernal heredada del Renacimiento y del Barroco. Sin embargo, la ejecución y la pátina sitúan esta obra en la producción historicista del siglo XIX, concebida para el mercado de los viajeros del Grand Tour. Ilustra el gusto romántico por las figuras fantásticas y diabólicas, destinadas a ornamentar interiores eruditos y a recordar, mediante su teatralidad, el poder evocador del arte antiguo y barroco.

ÉPOCA: siglo XIX
DIMENSIONES: 35 cm x 7 cm
SIZE: 13.8" x 1.2"

El Grand Tour designaba, del siglo XVII al XIX, el largo viaje iniciático emprendido por jóvenes aristócratas y burgueses europeos a través de Italia, Grecia y, a veces, Oriente.
Su objetivo era completar su educación ofreciéndoles un contacto directo con la Antigüedad, el Renacimiento y las grandes obras de arte. Roma, Florencia, Nápoles y Pompeya figuraban entre las etapas imprescindibles. Los viajeros traían de vuelta recuerdos eruditos: estampas, mármoles, mosaicos y sobre todo bronces que reproducían obras maestras célebres. Estos objetos, producidos por talleres especializados, alimentaban un mercado floreciente; decoraban bibliotecas, salones o también gabinetes de curiosidades, donde se presentaban junto a especímenes naturales y maravillas exóticas como signos de cultura y distinción social.
El Grand Tour moldeó de forma duradera el gusto europeo por el arte antiguo y neoclásico.

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