COLLAR ANTI-MORDIDAS DEL SIGLO XVIII
COLLAR ANTI-MORDIDAS DEL SIGLO XVIII
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Raro collar de protección de hierro forjado con púas, datado en el siglo XVIII. Esta espectacular pieza defensiva fue diseñada para proteger el cuello de su portador contra mordeduras y ataques directos. Las largas púas forjadas a mano que cubren toda su circunferencia impedían cualquier agarre eficaz, convirtiendo el collar en una auténtica barrera de protección.
La pieza está compuesta por placas de hierro curvadas y remachadas entre sí, formando una estructura articulada de extraordinaria solidez. Cada púa fue forjada individualmente a mano, lo que confiere al conjunto un carácter único y una presencia visual impresionante. La alternancia de segmentos fijos y articulados proporciona al mismo tiempo resistencia y adaptación a la forma del cuello, reforzando la eficacia defensiva del dispositivo.
La pieza presenta una hermosa pátina antigua, caracterizada por una oxidación estable y homogénea del hierro. Las huellas de uso, las irregularidades propias del trabajo de forja y los profundos matices de la superficie testimonian su antigüedad y autenticidad, conservando al mismo tiempo una excelente integridad estructural.
Collares de este tipo fueron utilizados en las zonas rurales de Europa durante los siglos XVII y XVIII para proteger a los perros guardianes y de pastoreo contra los depredadores, especialmente los lobos. Su espectacular silueta, erizada de largas púas, respondía ante todo a una función práctica, aunque hoy les confiere también un notable interés estético e histórico. Actualmente raros en el mercado, estos objetos constituyen fascinantes testimonios de las técnicas de protección animal empleadas en la Europa rural del Antiguo Régimen.
ÉPOCA : Siglo XVIII
Los descubrimientos arqueológicos revelan el uso de collares contra mordeduras desde la Edad Media. En diversos yacimientos medievales se han hallado collares metálicos provistos de púas orientadas hacia el exterior. Estos collares estaban destinados principalmente a animales domésticos, especialmente perros, para protegerlos de los ataques de los lobos. Sin embargo, algunos indicios sugieren que también pudieron ser utilizados por personas, no solo para defenderse de los lobos, sino también para protegerse, en caso de necesidad, de posibles encuentros con criaturas de carácter sobrenatural.
Aunque las pruebas históricas y arqueológicas son escasas, bastan para indicar que esta práctica existió, al menos de forma marginal. La necesidad de protegerse de los depredadores, unida a creencias culturales y supersticiosas, pudo haber llevado a algunas personas a llevar este tipo de collares.
